Que es Islam

Sumisión: la palabra que usaron para controlarte

Introducción: La palabra que lo cambia todo

En las últimas décadas, hemos escuchado una y otra vez que «Islam significa sumisión». Esta definición, repetida hasta el cansancio por predicadores, políticos y medios de comunicación, ha moldeado la percepción de millones de personas sobre esta fe. Pero ¿es realmente eso lo que dice el Corán? ¿O hemos permitido que interpretaciones humanas —muchas veces con intereses políticos— distorsionen el mensaje original?

Lo que muchos no saben es que la palabra «Islam» comparte la misma raíz árabe triliteral S-L-M (س ل م) que salam, que significa paz. No se trata de una coincidencia lingüística fortuita. Es la clave para entender que esta fe no se fundamenta en la imposición, sino en la entrega voluntaria que conduce a la verdadera paz interior y exterior.

Este artículo busca hacer algo sencillo pero revolucionario: definir el Islam a partir del Corán, no a partir de lo que los musulmanes —incluyendo clérigos, tradiciones o escuelas de pensamiento— han dicho después. Porque, como veremos, cuando dejamos que el texto hable por sí mismo, el mensaje que emerge es radicalmente distinto al que nos han contado.

La raíz perdida: S-L-M y el significado olvidado

El arabista Pedro Martínez Montávez explica con claridad esta cuestión fundamental:

«Se dice habitualmente que islam significa sumisión total a Dios, lo que es indudablemente cierto, aunque no es menos cierto que ello corresponde a la traducción de solo una parte de la palabra. Queda una segunda parte por traducir, atendiendo a la raíz lingüística de la que deriva, que cubre el campo semántico del bienestar, de la salvaguarda, de la salud, de la paz. Quiere esto decir, sencilla y profundamente, que el creyente se somete a Dios, se pone en sus manos, porque tiene la seguridad de que así se pone a salvo» .

Es decir, la «sumisión» no es un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar la paz y la protección. El creyente no se somete porque Dios sea un tirano que exige obediencia ciega; se somete porque confía en que la voluntad de su Creador es mejor para él que sus propios caprichos.

El Corán mismo nos orienta hacia esta comprensión en múltiples pasajes. En la Sura Al-An’am (6:162-163), se nos dice:

«Di: ‘Por cierto que mi oración, mi oblación, mi vida y mi muerte pertenecen a Allah, Señor del Universo. No tiene asociado. Esto es lo que se me ha ordenado, y soy el primero en someterse a Él’» .

Notemos que aquí la sumisión no es una imposición externa, sino una declaración de entrega voluntaria que abarca la totalidad de la existencia. Es el reconocimiento de que todo lo que somos y tenemos proviene de Él.

El Corán: Una guía hacia la Paz, no hacia la imposición

El propio Corán se define a sí mismo como una guía que conduce a la paz. En Surah Al-Ma’idah (5:16), Dios declara:

«Con él (el Corán) Dios guía a quienes buscan Su complacencia a los caminos de la paz (subul al-salam), y los saca de las tinieblas hacia la luz, guiándolos hacia un camino recto.»

Observemos la precisión del lenguaje coránico. No dice que el Corán guía a la «sumisión» como un fin en sí mismo, sino a «los caminos de la paz». Y esta paz no es solo interna, sino también externa: una forma de relacionarse con la creación que refleja la misericordia del Creador.

Más aún, en Surah Yunus (10:25), Dios revela el propósito último de esta guía:

«Y Allah invita a la Casa de la Paz (Dar al-Salam), y guía a quien Él quiere hacia un camino recto.»

Los exégetas clásicos, como Ibn Kathir, explicaron que «Dar al-Salam» es el Paraíso, pero también es una metáfora del estado de paz absoluta al que todo creyente debe aspirar: un estado donde no hay conflicto, no hay miedo, no hay engaño; solo la seguridad de estar en armonía con la voluntad de Dios.

Esta invitación divina es universal. El versículo no dice «Allah invita a los musulmanes» o «a los creyentes», sino que omite el objeto para indicar que la invitación es para toda la humanidad. Dios llama a todos, sin excepción, a esa morada de paz.

Din no es «religión»: la distinción crucial que cambia todo

Uno de los mayores malentendidos en la interpretación del Corán ha sido traducir la palabra din(دين) como «religión». En árabe contemporáneo, esa traducción puede funcionar, pero en el lenguaje coránico, din tiene un significado mucho más profundo y abarcador.

Din significa literalmente «deuda», «obligación», «juicio», «forma de vida» o «camino». No se refiere a un sistema institucional con dogmas y rituales, sino a la respuesta existencial del ser humano ante su Creador. Es la manera en que uno vive, se orienta y se relaciona con lo trascendente.

Esta distinción es crucial para entender el versículo más citado para afirmar la exclusividad del Islam:

Surah Al-Imran (3:19):

«إِنَّ الدِّينَ عِندَ اللَّهِ الْإِسْلَامُ»

La traducción común dice: «Ciertamente, la única religión aceptada por Dios es el Islam». Pero si aplicamos el significado correcto de din, el versículo revela algo completamente distinto:

«Ciertamente, el camino (la forma de vida, la orientación existencial) aceptada por Dios es La Paz (al-Islam).»

No se trata de una afiliación institucional o una etiqueta. Se trata de la esencia: aquel que vive en estado de paz —consigo mismo, con su Creador y con la creación— ese está en el din que Dios acepta.

El gran erudito y reformador Muhammad Abduh (1849-1905) explicó esta distinción con claridad:

«La religión (din) según Dios no es una mera etiqueta que se lleva ni una serie de ritos que se cumplen. Es la entrega sincera del corazón a la verdad, que se manifiesta en una vida recta. Todo aquel que vive así, sin importar su nombre o su comunidad, está en el Islam verdadero» .

El Corán mismo refuerza esta comprensión en el versículo inmediatamente posterior:

Surah Al-Imran (3:20):

«Y si te discuten, diles: ‘Yo he entregado mi ser (aslamtu wajhiya) a Dios, y también quienes me siguen’. Y diles a quienes recibieron el Libro y a los iletrados: ‘¿Acaso os sometéis (aslamtum)?’ Si se someten, están en el camino correcto; pero si dan la espalda… a ti solo te corresponde transmitir el mensaje. Y Dios ve bien a Sus siervos.»

Observemos que el Profeta no llama a «convertirse al Islam» como una institución, sino a aslamtu(entregarse, estar en paz con Dios). Y deja claro que su responsabilidad es solo transmitir, no forzar.

El Corán y la libertad humana: ¿sumisión forzada o elección consciente?

Aquí es donde el argumento se vuelve crucial. Si el Islam fuera meramente «sumisión» en el sentido de obediencia obligada, el Corán no enfatizaría constantemente la libertad de elección humana. Sin embargo, encontramos versículos que no dejan lugar a dudas:

Sura Al-Kahf (18:29):

«Diles: ‘La verdad proviene de vuestro Señor. Quien quiera, que crea; y quien quiera, que no crea’» .

Este versículo es demoledor para cualquier interpretación que quiera presentar al Islam como una religión de coerción. Dios no solo permite la incredulidad, sino que la reconoce como una opción legítima dentro del diseño de la prueba terrenal.

Sura Al-Insan (76:2-3):

«Creé al ser humano de un óvulo fecundado para ponerlo a prueba. Lo agracié con el oído y la vista. Y le mostré el camino [para que libremente elija] ser de los agradecidos o de los ingratos».

La creación del ser humano tiene un propósito: la prueba. Y la prueba solo tiene sentido si existe libre albedrío. Si nuestras acciones estuvieran predeterminadas sin posibilidad de elección, no habría mérito en obedecer ni culpa en desobedecer.

El erudito Muhammad Jawad Chirri explica esta conexión fundamental:

«Una religión la cual predica esto puede ser consistente solamente si esta evoca al libre albedrío, al menos que tal religión niegue el concepto de la justicia divina. […] La libertad humana, de hecho, subyace el concepto de la religión, y el islam claramente evoca a la libertad humana» .

Hadices de Ahlul Bayt y fuentes sunitas: la tradición confirma la libertad

Tanto las fuentes chiitas como las sunitas contienen narrativas que refuerzan la idea de que la sumisión a Dios es un acto voluntario, no una imposición.

Desde la tradición sunita

El hadiz registrado por Al-Bujari y Muslim, en el que el Profeta (la paz sea con él) define al musulmán, es esclarecedor:

«El musulmán es quien se abstiene de dañar física y verbalmente a los demás» .

Notemos que la definición no se centra en rituales ni en dogmas, sino en la relación con los demás. El Islam, desde esta perspectiva, es ante todo una ética de no-agresión y paz social.

Otro hadiz fundamental, narrado por Al-Bujari y Muslim, nos muestra cómo el Profeta enseñaba la entrega voluntaria a Dios:

Al-Bara’ bin Azib reportó que el Mensajero de Allah le dijo: «Antes de irte a dormir en la noche, haz el wudu’ como el que haces para la oración, luego acuéstate sobre tu costado derecho y di: Allahumma aslamtu nafsi ilaik (¡Oh, Allah! en Ti deposito mi ser), wa fawadtu amri ilaik (todos mis asuntos los dejo en Tus manos), wa alja’tu dhahri ilaik rahbatan wa ragbatan ilaik (deposito mi completa confianza en Ti con esperanza y temor). […] Si mueres esa noche, mueres en la Fitra (en la creencia verdadera)» .

Esta súplica, que el Profeta enseñaba a sus compañeros, es una declaración de confianza, no de sometimiento servil. La palabra aslamtu (entrego/deposito) implica un acto de confianza plena, similar a cuando alguien deposita sus ahorros en un banco de confianza.

Desde la tradición de Ahlul Bayt

El Imam Alí (que la paz sea con él), figura central tanto para sunitas como para chiitas, enfatizó constantemente que la obediencia a Dios debe nacer del amor, no del miedo o la obligación. En el Nahj al-Balagha (Cumbre de la Elocuencia), encontramos esta distinción fundamental:

«Hay quienes adoran a Allah por deseo de recompensa; esa es la adoración de los mercaderes. Hay quienes Le adoran por temor al castigo; esa es la adoración de los esclavos. Y hay quienes Le adoran por gratitud; esa es la adoración de los libres» .

Esta clasificación es crucial para entender la naturaleza de la sumisión islámica. Dios no quiere siervos que Le obedezcan por miedo al infierno o por deseo del paraíso. Quiere seres humanos que se entreguen a Él por amor y gratitud.

La paz como objetivo y fruto de la entrega a Dios

El erudito contemporáneo Yamal ed-Din Zarabozo explica la relación entre Islam y paz de la siguiente manera:

«El Islam, entendido como la entrega y sumisión voluntaria a Dios, es lo que conduce a la verdadera paz. La paz verdadera, tanto interior como exterior, es el resultado de una correcta implementación del Islam. […] El Islam trae a las personas una tranquilidad y paz espiritual integrales, que es el resultado de darse cuenta que uno está creyendo y actuando en concordancia con la guía de su Creador» .

El Corán mismo describe esta paz interior como el fruto de la fe:

Sura Ar-Ra’d (13:28):

«Los creyentes son aquellos cuyos corazones se sosiegan con el recuerdo de Allah. ¿Acaso no es con el recuerdo de Allah que se sosiegan los corazones?»

La paz no es algo externo que se impone; es una realidad interna que florece cuando el ser humano se conecta con su Creador.

El sheij al-Islam Ibn Taimiyyah, una de las figuras más respetadas en la tradición sunita, escribió:

«La realidad de un ser humano está en su corazón y en su alma. No puede prosperar excepto a través de su relación con Dios, junto a quien no hay otra divinidad. Por ejemplo, no hay paz en este mundo excepto en la remembranza de Dios» .

El Corán: Una guía para vivir en Paz

Si entendemos que din es el camino existencial hacia la paz, y que el Corán guía a «los caminos de la paz», entonces el propósito del Libro Sagrado se revela con claridad: el Corán es una guía para vivir en paz.

No es un manual de jurisprudencia seca, ni un código penal, ni un tratado de teología especulativa. Es, ante todo, una guía de navegación para el alma humana en su viaje hacia su Creador. Una guía que muestra cómo alcanzar la paz interior a través del recuerdo de Dios, y la paz exterior a través de la justicia, la compasión y el respeto por toda la creación.

La Sura Al-Baqarah (2:185) lo declara explícitamente:

«El mes de Ramadán en el que fue revelado el Corán como guía para la humanidad, y como evidencia clara de la guía y el criterio (al-furqan).»

El Corán es llamado hudan li al-nas (guía para la humanidad), no solo para los creyentes. Es universal porque su mensaje esencial es universal: el camino hacia la paz está abierto a todo aquel que busque sinceramente a su Señor.

¿Qué dice el Corán sobre la «sumisión» de los musulmanes?

Es importante abordar directamente los versículos que parecen hablar de «sumisión» para entenderlos en su contexto correcto.

La palabra «islam» y sus derivados aparecen en el Corán al menos 81 veces. En cada caso, el sentido gira en torno a tres aspectos:

  1. Sinceridad (ijlas): Como en la Sura Al-Baqarah (2:131), cuando Dios le dice a Abraham: «Entrégame tu voluntad», y él responde: «Le entrego mi voluntad al Señor del Universo».
  2. Expresión verbal de fe: Como en la Sura Al-Hujurat (49:14), donde Dios distingue entre quienes dicen «hemos aceptado el Islam» y quienes realmente han alcanzado la fe.
  3. Entrega total a la voluntad de Dios: Como en la Sura Al-Baqarah (2:112): «Quienes sometan su voluntad a Dios y hagan el bien obtendrán su recompensa junto a su Señor, y no sentirán temor ni tristeza».

En todos estos usos, la «sumisión» es presentada como un acto voluntario que conduce a la paz («no sentirán temor ni tristeza»).

Conclusión: Re-educar es devolver al Corán su autoridad

Lo que hemos intentado demostrar es que la definición del Islam como «sumisión» —en el sentido que comúnmente se le da de obediencia forzada o pasiva— es una reducción empobrecedora que ignora tanto la raíz lingüística de la palabra como el espíritu del Corán.

El Islam es, en su esencia, la entrega voluntaria a Dios que, precisamente por ser voluntaria y nacer de la confianza y el amor, conduce a la paz verdadera. No es una religión de esclavos que se arrastran ante un tirano, sino de seres libres que reconocen que su libertad más plena se alcanza cuando se alinean con la voluntad de su Creador.

El Corán no es un libro de imposiciones. Es una guía para vivir en paz: paz con Dios, paz con uno mismo, paz con los demás. Y el din que Dios acepta no es una etiqueta institucional, sino ese estado de entrega sincera que se traduce en una vida de paz y justicia.

El Profeta Muhammad (la paz sea con él) enseñó esta comprensión cuando dijo:

«La verdadera riqueza no se alcanza acumulando propiedades y bienes, sino que reside en la paz interior» .

Re-educar el Islam, entonces, no es inventar algo nuevo. Es volver a lo original: limpiar siglos de interpretaciones humanas —muchas veces interesadas en el control político y social— para escuchar nuevamente lo que el Corán realmente dice.

Dios nos creó libres, nos mostró el camino, y nos dejó elegir. Esa libertad es la base de nuestra responsabilidad. Y es en el ejercicio de esa libertad, eligiendo conscientemente entregarnos a Él por amor y gratitud, donde encontramos la verdadera paz.

Esa es la esencia del Islam. Ese es el mensaje que debemos recuperar.

Referencias coránicas y de hadices mencionadas

Corán:

  • Sura Al-An’am (6:162-163)
  • Sura Al-Ma’idah (5:16)
  • Sura Yunus (10:25)
  • Sura Al-Imran (3:19, 3:20)
  • Sura Al-Kahf (18:29)
  • Sura Al-Insan (76:2-3)
  • Sura Ar-Ra’d (13:28)
  • Sura Al-Baqarah (2:112, 2:131, 2:185)
  • Sura Al-Hujurat (49:14)

Hadices:

  • Hadiz sobre la definición del musulmán (Bujari y Muslim)
  • Súplica para dormir enseñada por el Profeta (Bujari y Muslim)
  • Hadiz sobre la verdadera riqueza (Bujari y Muslim)
  • Clasificación de los adoradores según el Imam Alí (Nahj al-Balagha)

Exégetas y eruditos citados:

  • Pedro Martínez Montávez (arabista)
  • Ibn Kathir (exégeta clásico)
  • Muhammad Abduh (reformista egipcio)
  • Muhammad Jawad Chirri (erudito chiita)
  • Yamal ed-Din Zarabozo (estudioso contemporáneo)
  • Ibn Taimiyyah (teólogo sunita)
  • Maulana Wahiduddin Khan (erudito contemporáneo)
  • Sahl al-Tustari (exégeta clásico)